Héroes de Londres 2012

Las estrellas de los Juegos Olímpicos

Michael Phelps en Londres 2012
Michael Phelps en Londres 2012

Es imposible incluir a todos los que merecerían estar en la lista de deportistas individuales más destacados de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, el elevado número de deportes y la cantidad de triunfadores que tuvieron su momento para el recuerdo haría demasiado extensa esta reseña, pero aquí está el homenaje para los más grandes de la natación y el atletismo, los dos deportes que representan el eje central del calendario olímpico.

Los Juegos terminaron y ya se trabaja en la próxima cita, la olimpiada de Río 2016 se puso en marcha… Londres 2012 es historia. Phelps, Bolt, Rudisha, Uchimura, Lochte, Belmonte, México, España, Wiggins, Farah, Franklin, Eaton, Felix... fueron los primeros Juegos sin Samaranch, los terceros en Londres, los cuartos del nuevo milenio y los mejores para gran parte de la humanidad. 

Ryan Lochte

Fue el primer gran nombre de la cita olímpica. Sobre las espaldas del nadador norteamericano recayó una gran responsabilidad, ser el sucesor de Michael Phelps cuando la crítica lo dio por muerto. Sus excelentes prestaciones en las pruebas de clasificación le colocaron como nuevo exponente de la natación mundial, y su medalla el primer día de los Juegos en los 400 estilos le encaramó al primer puesto en las búsquedas de google.

Lochte pasó a ser el referente de unos Juegos a los que sin embargo, todavía le restaban un carrusel de emociones de quince días, de repente, sus 6 medallas olímpicas anteriores tomaron valor, olvidadas y oscurecidas ante el brillo de los metales de Phelps. Lochte ganaría cuatro medallas más, pero su nombre comenzó a ser ligado a la derrota tras ceder, agotado por el cansancio, en el relevo 4x100 libre en una tarde de gloria para la natación francesa; Yannick Agnel volvería a asestarle otro mazazo en la final del 200 libre.

Lochte se marcha de los Juegos con una sensación agridulce por el segundo plano al que la actividad de la piscina del centro acuático le condenó. Pero Londres 2012 nos regaló un momento que será perpetuo e inolvidable para historiadores y seguidores olímpicos; Lochte fue el protagonista de la gran derrota de Michael Phelps, producida en la madre de todas las batallas del deporte de la piscina, los 400 metros estilos. 

Michael Phelps 

Existen grandes deportistas, excelentes competidores que alcanzan metas en su deporte, y luego, más lejos, se encuentran los mitos. Michael Phelps es un nadador, el mejor de la historia probablemente, pero por encima del excelente ejercicio de su profesión, es una leyenda del olimpismo. Su figura traspasa el umbral de lo meramente excepcional. Da igual si Sebastian Coe lo define como uno de los mejores pero no el mejor, Phelps no necesita del halago institucional o estadístico para imponerse en su batalla.

El submarino de Baltimore ganó cuando la derrota llamó a su puerta. Hubiera sido fácil esconderse y admitir que no era el mismo de 2008... evidentemente no era aquel ciclón, pero sus victorias en su estilo preferido, la mariposa, con el equipo combinado de relevos y en la prueba corta de estilos (derrotando a su verdugo Lochte), callaron muchas bocas que hablaron de más, que criticaron la preparación olímpica del mito y que tuvieron que admitir que Phelps, aunque no exista clasificación científica que pueda demostrar tal afirmación, es el mejor deportista de la historia de los Juegos Olímpicos. Si la sensación es que Lochte fue el gran derrotado, en parte es porque Michael Phelps renació de sus cenizas cual ave-fénix, para cargar con el peso de 22 medallas que le hicieron (y esto sí es cuantificable) convertirse en el deportista olímpico más laureado de la historia.

David Rudisha

Corre hacia adelante, no especules, no pienses, no mires…. David Lekuta Rudisha recibió consejos de su padre, miembro del equipo de Kenia que conquistó la medalla de plata en 4x400 en 1968. Rudisha es un corredor distinto, nada que ver con el prototipo de mediofondista keniata que conseguía hacer la vida imposible a los talentosos europeos antes de su irrupción. Rudisha es fuerte como un cuatrocentista, pero ha demostrado en Londres 2012 que tiene resistencia en sus piernas como para lograr lo que se proponga.

Se especulaba con que batiese el récord del mundo en el Estadio de Stratford; una locura… sin liebres y con un ramillete de atletas jóvenes dispuestos a hacerle sufrir si podían resistir su ritmo. Pero cuando Rudisha corre de esa forma, que suele ser siempre que sale a la pista, el keniata exprime el atletismo a la manera primitiva. Corre hacia adelante, sin pensar cuando atacar, sin vigilar a los rivales, solo corre y amenaza el crono. En la tierra de Sebastian Coe y Steve Ovett, Rudisha protagonizó una carrera épica, una contrarreloj que se detuvo en 1:40.91; sin oposición, tapado en las portadas por las hazañas de Usain Bolt, Rudisha conquistó el mundo con una proeza que será muy difícil que se vuelva a repetir. Lección de fuerza y poderío, el récord de Rudisha ya es parte de la epopeya atlética.

Missy Franklin, Camille Muffat, Mireia Belmonete, Ye Shiwen, Ruta Meilutyte…

Ellas fueron la contraposición a Phelps, Agnel, Yang o Lochte; la nueva hornada de estrellas de la natación que retiraron a alguna de las más veteranas. Hubo más, porque la natación femenina en estos Juegos fue competida y gozó de muchas alternativas. Fueron días de auténtica conexión con el telespectador, que asistía anonadado cada día a una nueva hazaña. Franklin llegaba con el cartel de favorita a los Juegos, le costó entrar en competición pero demostró que hay madera de deportista grande; ganó la medalla de oro en los 100 espalda, minutos después de competir en una semifinal durísima de los 200 metros libre.

En el doble hectómetro, encabezado por Allison Schmitt, no pudo subir al podio precedida por las grandes dominadoras, una de ellas Muffat, la nueva estrella gala… una nadadora con un potencial inmenso y gran capacidad para liderar la natación en los próximos años. Muffat es un talento, un metrónomo de la piscina que salió victoriosa del 400 libre, y que pudo sumar dos medallas más en una natación durísima.

La lituana Meilutyte asombró al centro acuático con su oro con solo 15 años, de la misma forma que los récords de Ye Shiwen y las platas de Mireia Belmonte; mención especial para la nadadora catalana, que abrió el camino para la delegación española y se llevó dos medallas que saben a oro por la dificultad y el calendario maratoniano que afrontó Mireia. Fue el éxito para el trabajo de base, y la demostración de que en España, aunque sea en los peores momentos, también podemos fabricar campeonas.

Usain Bolt

Cuando Bolt encara los últimos metros de sus carreras, el resto de la humanidad se intenta auto convencer de que es humano. El jamaicano vuela sobre sus talones, acelera dando la espalda a sus rivales, y finalmente se pierde en una frenada a una velocidad inalcanzable para cualquier mortal.

Usain Bolt es otro mito que ha coincidido en tiempo con Phelps por casualidad. "Soy leyenda", afirmaba el caribeño después de ganar los 100 metros con menos facilidad que hace cuatro años. Después se hizo con el oro en unos 200 metros que significaron un juego de niños para su figura. Aquella carrera en el doble hectómetro le sirvió para dejar atrás a Carl Lewis; Bolt derribando barreras, asumiendo la responsabilidad de convertirse en el mejor velocista de la historia. Para Usain, Lewis no cuenta, él respeta a Owens, el hombre que les abrió el camino… y faltaba el 4x100.

Owens y Lewis certificaron grandes actuaciones olímpicas asombrando en el relevo corto. Bolt ya lo hizo en Pekín, pero a falta de récords del mundo en sus carreras londinenses, necesitaba ser un bólido y rebajar una plusmarca para convertirse en el más grande velocista de todos los tiempos. La carrera de Jamaica fue sencillamente perfecta, aunque quien sabe si con Asafa Powell en pista el resultado podría haber sido todavía más impactante. Jamaica rebajó los 37 segundos, una barrera significativa, como fueron los 10 en 100, los 44 en 400, los 3:30 en 1500 o los 13 minutos en el 5000...

Bolt voló para cerrar los Juegos en la pista. Nos premió a todos con un nuevo y espectacular oro, nos hizo disfrutar en menos de cuarenta segundos… con Bolt, sus carreras se convierten en un suspiro y sus marcas disparan la estabilidad cardiaca del espectador.